¿POR QUÉ ENGORDAMOS?

La tendencia al sobrepeso es un problema metabólico, debido a un desequilibrio hormonal. En muchas ocasiones es el resultado de ciertos hábitos alimentarios, estrés,  ciertos medicamentos, la píldora anticonceptiva, el embarazo o la menopausia.
El funcionamiento del metabolismo de cada uno depende de varios factores, el más importante es el sistema endocrino. Las hormonas principales que determinan cómo funciona el metabolismo son:

Hormona de crecimiento

Responsable de la regeneración y la preservación del tejido corporal, orgánico y muscular, y la descomposición de grasas en el organismo.

Insulina

Regula los niveles de azúcar en la sangre, tiene un papel importante en la regulación del apetito y la pérdida de peso.

Serotonina

Controla la ansiedad por ingerir alimentos (especialmente los que contienen almidón) y, cuando se ve estimulada en gran medida, crea una notable sensación de bienestar.

Grelina y Leptina

La grelina puede estimular el hambre, mientras que la Leptina inhibe la ingesta de alimentos/el hambre y también estimula la pérdida de peso. El gen de la grelina (SNP247) contribuye a la altura, la masa corporal y la tolerancia a la glucosa en las personas obesas (o potencialmente obesas) debido a una secreción de insulina más baja.

Cuando estas hormonas están en desequilibrio, nuestro metabolismo empieza a ralentizar. Niveles más altos de Insulina y niveles más bajos de hormona de crecimiento y serotonina hacen que la ingesta de alimentos se convierta en grasa más que en energía y que se genere cada vez más hambre y ansiedad por comer.

Intentando satisfacer el hambre y la ansiedad, empezamos a comer en exceso, o picando entre horas y, sobre todo, si abusamos de los hidratos de carbono, el equilibrio se hace cada vez más grande.

Con el tiempo entramos en un círculo vicioso, el sobrepeso se puede convertir en obesidad y, finalmente, en el síndrome de obesidad (también conocido como síndrome X o de resistencia a la Insulina). Es cuando pueden aparecer los siguientes síntomas:

•    Tener hambre/gula constante

•    Cualquier ingesta de comida es convertida en grasa en lugar de energía

•    Subida de peso (no importa si se come mucho o poco)

•    Acidez estomacal e indigestión

•    Nivel de energía bajo/fatiga

•    Baja calidad del sueño/insomnio

•    Retención de líquidos/hinchazón

•    Colon irritable/espástico y dolores de estómago

•    Estrés y ansiedad

Además, estos síntomas pueden ir acompañados con otros problemas de salud como la hipertensión, el colesterol alto, diabetes tipo 2, problemas dermatológicos y/o respiratorios.